Mi camino hacia el alto rendimiento y el culturismo es una prueba de que la transformación es posible a cualquier edad y circunstancia. Nacido en 1999, mi adolescencia estuvo marcada por el aislamiento y la inmersión en malos hábitos de alimentación, lo que me llevó a rozar la obesidad hasta los 15 años. Al acercarme a la edad adulta, tomé la decisión de reescribir mi narrativa personal y ofrecer una imagen más profesional de mí mismo. Motivado por un conocimiento nulo y sin asesoramiento, intenté una pérdida de peso radical y autodestructiva: logré bajar 15 kg en 29 días a base de ayuno extremo y cuatro horas diarias de cardio, excluyendo el entrenamiento de fuerza. Este error tuvo consecuencias duraderas, dejándome con un exceso significativo de piel y dificultando mi progreso posterior. Tras corregir las secuelas físicas con una cirugía de ginecomastia, me enfrenté al gimnasio, inicialmente sin gusto ni convicción. Mi incursión en el CrossFit y la natación fue breve, y no fue hasta los 19 años, en la universidad, que encontré en el entrenamiento serio una vía para canalizar la frustración y la rabia personal. Comencé con 187 cm y apenas 80 kg, con un porcentaje graso elevado y sin antecedentes deportivos. Esta falta de «genética privilegiada» me obligó a invertir incontables horas de esfuerzo, que, retrospectivamente, una guía experta podría haber optimizado drásticamente. Año y medio después, con 87 kg de masa muscular limpia, abordé mi primera etapa de definición. A pesar de que la cuarentena por COVID-19 me obligó a entrenar en casa con recursos limitados, mantuve el proceso rigurosamente, alcanzando por primera vez un bajo porcentaje de grasa corporal con 73 kg. La progresión se mantuvo hasta que, durante un Erasmus en Polonia, sufrí la rotura del menisco externo de ambas rodillas (primero la derecha y poco después la izquierda por sobrecompensación). Este revés físico me sumió en una depresión de cuatro años, obligándome a un entrenamiento limitado y a rachas. En enero de 2025, decidí retomar el objetivo que me había marcado ingenuamente a los 20 años: competir en culturismo con un físico decente. Partiendo de 100 kg, me sumergí en una etapa de definición de seis meses. Nueve días antes de un campeonato, y viendo el óptimo punto de grasa alcanzado, tomé la decisión impulsiva de competir en dos categorías, a pesar de no saber posar ni tener la talla requerida, mermada por mis antiguas lesiones. Obtuve una condición física sobresaliente, aunque insuficiente en volumen para la victoria. Desde el 13 de julio, mi enfoque es ser altamente competitivo. Mi experiencia abarca los errores de la inexperiencia, la gestión de lesiones graves y la disciplina necesaria para una transformación radical. Mi propósito es ahorrarte el tiempo y el dolor que yo experimenté, aplicando aptitudes, actitudes y conocimientos comprobados. Te animo a seguir mi proceso y, más importante aún, a que comencemos a trabajar juntos en tu propia autorrealización.Mi historia, paso a paso
El punto de partida y el error de juventud (1999 – 2014)
Primeros obstáculos y búsqueda de la dirección (16 – 20 años)
La adaptación y el desafío de la cuarentena
El despertar y el objetivo competitivo (enero 2025 – actualidad)
A día de hoy
